Generación cero

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Supongo que ahora toca crecer. Si algo nos ha enseñado el recién caducado 2017 es a ponernos delante la realidad que nos rodea, nos ha tocado de nuevo sentir lo más bello y lo más cruel que existe en el mundo. Sobra mencionar los cambios y sucesos a nivel político, científico, social y geográfico que se han producido (no solo en España por supuesto); pero la cuestión es que ahora nuestra capacidad para informarnos, gracias a las nuevas tecnologías, fluye por el mundo como nunca había hecho, nos toca a todos directa o indirectamente y, más que nunca, siento una conexión brutal a la hora de observar las reacciones en cadena que generamos como sociedad. Puede ser que estemos ante una gran oportunidad para usar nuestras herramientas y poder generar cambios beneficiosos para todos.

Sin duda hay mucho que analizar desde que partimos de la mano del nuevo milenio, pero el hecho desde el que hoy me inspiro, y que me anima a escribir estas líneas, es uno de esos actuales movimientos de cambio: la unión de las mujeres a la hora de rechazar los atentados contra las libertades y derechos del colectivo femenino que hoy, por desgracia, se agravan. Su repulsa y su determinación es una lección de la que personalmente he aprendido y deberíamos aprender. No solo por su poder de acción, sino por el interés educativo que se promueve desde el feminismo y la búsqueda de un mundo más justo, rico en valores y equitativo. Como dato histórico, hace prácticamente 100 años fueron las mujeres, de la por entonces feudal Rusia,  quienes se levantaron en las fábricas de Moscú mientras los hombres luchaban en el frente oriental contra el imperio Austro-Húngaro. Una oposición al conflicto bélico y a un régimen que les sometía ferozmente, abanderada desde el respeto y la justicia, valores que encontramos en el movimiento femenino actual y su repercusión a nivel mundial.

Recientemente cursando un máster de educación en la misma universidad donde estudié Psicología, la UAM, uno de los artículos que leímos hablaba de la percepción de Kant (1724) respecto a la hermandad que debe existir en la tierra, lo cual llamó mi atención. Me explico: según el filósofo germano, dada la limitación geográfica de nuestro planeta es nuestro deber, como especie, la generación de motores que impulsen el entendimiento, el respeto y que favorezcan la coexistencia entre las personas. ¿No es acaso lo que han tratado de enseñarnos miles de mujeres con sus protestas  a lo largo de los últimos meses?

Hemos dado la bienvenida a un nuevo año y crece en mucha gente la sensación de vivir en un mundo cada vez más acelerado,  dominado por medios e impulsos masivos de producción y consumo, que no solo devoran la vida humana, sino la de todo el planeta, en el que a veces nos preguntamos de qué sirve nuestro trabajo y nuestras acciones como sociedad en el día a día. A veces parece que reina la resignación y el conformismo. Pero, ¿y si existe una fórmula?, ¿y si tomamos como ejemplo la lucha de las mujeres?, después de todo, Kant y ellas parecen tener una intención en común, puede que algunos la tengamos. Quizás, las causas injustas podrían aminorarse y detenerse para contemplar como el conjunto de la humanidad construye una nueva generación que marque un antes y un después. Claro está que la desigualdad, la injusticia y la educación en el odio, la avaricia y el rechazo, no proviene de las buenas personas partiendo de este supuesto. Por eso ahora, se pueden aprovechar más que nunca acciones para prevenir y actuar, existen invitaciones disponibles. Yo apuesto por olvidar viejos paradigmas políticos, religiosos, sexuales, económicos,  geográficos y “banderiles”, o por lo menos no usarlos para juzgar y educar en la diferenciación.

Defiendo este sencillo concepto, intento tenerlo presente en el día a día, en un concierto, con mis alumnos, con mis amigos, mi familia o mi pareja. Queda en nuestra mano decidir qué es lo que queremos ser, si se ha de seguir expandiendo el cáncer que aun devora nuestro mundo o, enseñarle al personal responsable que no entramos en ese juego. Que no os engañen: el ser humano no es malo por naturaleza. Ahora toca crecer.

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Acerca del autor

Curro García

Músico y Psicólogo

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