La Plaza del Duque y la Huerta Valenciana: el legado de los Duques de Osuna más allá del Jardín de El Capricho

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El espacio formado por la explanada de la plaza del Duque y la Casa de oficios, actual Escuela municipal de música, y la Huerta valenciana, constituían el complemento de la villa suburbana con explotación agrícola formada por los IX duques de Osuna, María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel y Pedro Alcántara Téllez Girón, en la villa de La Alameda y son un ejemplo único de urbanismo rural de la Ilustración creado en torno a un Palacio con jardín, El Capricho, centro de dicha posesión.

Plaza de la Duquesa Alameda de Osuna El Capricho

Fig. 1. Palacio de El Capricho, Plaza del Duque y Casa de oficios. Elaboración de la autora.

Este espacio posee una estructura fuertemente marcada por las trazas del terreno, pues la explanada se formalizó a finales del siglo XVIII mediante un muro de contención rematado en curva que define el bancal que se prolonga desde el interior del jardín de El Capricho.

La Casa de oficios complementaba la Casa de campo aristocrática de la Alameda de Osuna y su construcción, a finales del siglo XVIII, respondía a la necesidad de albergar fuera del Palacio a los empleados principales de la posesión y almacenar objetos necesarios para el funcionamiento diario de la finca.

El espacio formado por la Casa de oficios y la plaza del Duque está ubicado sobre una plataforma elevada formalizada por dicho muro de contención, el cual la separa de la calle de la Fuente al sur y de la calle de Joaquín Ibarra al este y actúa aterrazando el desnivel del terreno.

El muro de contención, de ladrillo macizo, es esencial entre las preexistencias que se conservan. Fue construido a finales del XVIII y en él se conservan varios elementos que ilustran sobre las características y la historia del lugar: una escalera de granito tallada que comunica la plataforma, descendiendo hacia la calle de la Fuente, con un portalón abierto en el muro norte de la Huerta valenciana; un abrevadero de una antigua fuente pública sobre el que aún emerge del muro su caño de hierro y un hueco rectangular con arco de medio punto tapiado que constituía una de las salidas de la galería de escape subterránea construida durante la Guerra Civil bajo el Palacio, que atraviesa la calle Rambla.

Plaza de la Duquesa Alameda de Osuna El Capricho

Fig. 2. Plano de la Plaza del Duque, la Casa de Oficios y la Huerta valenciana en 1870, trazado por la Junta general de Estadística, que se conserva en el Archivo Histórico del Instituto Geográfico Nacional.

Los terrenos donde se formaron la Casa de oficios y la Huerta valenciana, parte productiva de la finca, fueron adquiridos por los IX duques de Osuna en 1789 y de la calle de la Fuente aparecen referencias desde finales del siglo XVIII.

La plaza del Duque, conocida en el siglo XVI como plazuela del Álamo, era el centro de la villa de La Alameda y estaba atravesada por la calle Mayor (actual calle Rambla), la cual partía del camino Real de Madrid a Alcalá (actual Paseo de la Alameda de Osuna) y ascendía hasta la iglesia de Santa Catalina de Alejandría. En 1807 existían en la plaza 46 árboles entre acacias, nogales y plátanos. De estos últimos aún se conservan dos, alineados con la Casa de oficios y con el interior del jardín, constituyendo importantes elementos integradores de la plaza con El Capricho.

En la zona sur de la explanada perviven algunos árboles, rebrotes del paseo arbolado que había en este lugar y en su centro aún se conserva la base de la fuente, donde se alzaba la columna con el escudo del XII duque de Osuna, que daba nombre a la plaza, rematado por un busto escultórico.

En esta histórica plaza ocurrió un trágico acontecimiento en 1812, tras la marcha del general francés que había ocupado la Alameda de Osuna, Agustín-Daniel Belliard, después de la guerra de la Independencia. En la mañana del día 25 de julio, según relató en una carta el pintor Ángel María Tadey, empleado de la duquesa de Osuna, a ésta, que se había refugiado en Cádiz huyendo de la guerra, habían entrado unos hombres en la posesión, encontrando armado al jardinero francés que ella había contratado, Pierre Prevost. Uno de los hombres colocó “todas las Armas en la Plazuela, para entrar en el Palacio”, en cuya puerta el jardinero hizo resistencia, mandando a su hijo que le trajese unas pistolas, por lo que fue asesinado con un sable, resultando herido su hijo.

Plaza de la Duquesa Alameda de Osuna El Capricho

Fig. 3. La fuente en 1856. Fotografía de Charles Clifford y Fig. 4. La plaza del Duque en 1940. Memoria de Madrid.

.Al sur de la calle de la Fuente se extiende la Huerta valenciana. Era el lugar utilizado por la duquesa de Osuna para plantar árboles frutales y hortalizas para su familia o como regalos a sus amistades. Ella siempre tuvo un gran interés en crear esta huerta, que complementaba su jardín, invirtiendo en su formación muchos esfuerzos, entre ellos convencer a las fuerzas vivas de la villa de La Alameda para que le vendieran una calle que pasaba por la mitad de la actual parcela. En la huerta llegó a haber en la primera mitad del siglo XIX más de 200 árboles frutales, entre perales y manzanos, que la duquesa había mandado traer de Francia y Aranjuez.

En ella, su nieto el XI duque de Osuna mantuvo una yeguada de caballos de carrera, cuyas caballerizas fueron construidas por su arquitecto, Martín López Aguado, a mediados del siglo XIX reutilizando unas casas de la villa de La Alameda, que habían sido compradas años atrás por su abuela.

En 1843 el duque hizo traer de Inglaterra un semental de pura sangre y cinco yeguas, una de ellas hija de un famoso caballo llamado Kader, así como personal especializado para que dirigiera la yeguada según los métodos ingleses. En las caballerizas que construyó, cada cuadra tenía su patio correspondiente enarenado, y en los días buenos se soltaban los potros a pacer en los prados sembrados de heno en la propia Huerta valenciana y en terrenos limítrofes.

Con el tiempo, su hermano el XII duque de Osuna llegó a poseer una prestigiosa yeguada, que casi siempre obtenía los primeros puestos en las carreras celebradas en Madrid; además, en la Exposición de agricultura celebrada en 1857, se le concedió un primer premio a los equinos que presentó.

De dichas caballerizas aún se conserva su fachada, que define además la calle Rambla y está construida con muros de ladrillo macizo aparejado a tizones con mortero de cal y arena, poseyendo diferentes huecos formados por arcos rebajados de ladrillo a sardinel, mismo sistema constructivo de toda la arquitectura de ladrillo de la posesión de La Alameda. Además, en la esquina de la calle Rambla con el paseo de la Alameda de Osuna se conservan los restos históricos de una casa de la villa que había comprado la duquesa de Osuna a las monjas del convento de Santo Domingo.

Esta fachada tiene por tanto un alto valor patrimonial al estar definiendo la histórica calle Rambla y ser uno de los pocos testimonios que quedan de las edificaciones que rodeaban el entorno de El Capricho. Las caballerizas se conservaban aún en 1970.

Plaza de la Duquesa Alameda de Osuna El Capricho

Fig. 5. Las caballerizas en los años 70 del siglo XX. Fotografía de Paisajes españoles.

En la Huerta valenciana aún sobreviven algunos árboles: acacias, almez, Ailantus altisima… alineados en la calle Rambla y en el Paseo de la Alameda de Osuna y concentrados en una masa vegetal en la esquina noreste de la parcela.

Por otra parte, la Alameda de Osuna está marcada por las preexistencias de arroyos, pozos, abrevaderos, fuentes y estanques, cuya huella pervive, y por la presencia de viajes de agua que conducían las subterráneas. Su obtención para conseguir el vergel imaginado fue primordial para la duquesa de Osuna. El abastecimiento principal del jardín de El Capricho se realizaba mediante cuatro viajes de agua, formados por galerías subterráneas, cuyo origen o captación estaba en las laderas del cerro San Juan (actualmente dentro del parque Juan Carlos I).

De estos cuatro viajes, el denominado Viaje 1, construido a finales del siglo XVIII, que se desarrolla en la zona oriental del jardín, tiene una derivación, el Viaje 1B, que discurre bajo la llamada “puerta de carros”, al norte del Palacio, y se dirige por un ramal hacia la calle de la Fuente, donde abastecía el abrevadero adosado al muro, y por otro ramal a un estanque, edificado en 1799, y a un pozo, ambos aún conservados en la Huerta valenciana. Este viaje de agua subterráneo es por tanto un hilo conductor entre los vergeles principales de la zona: el parque Juan Carlos I, el jardín El Capricho, la plaza del Duque y la Huerta valenciana.

Hay por tanto en el espacio que nos ocupa una escala de urbanismo rural que identifica y diferencia el lugar. En él nada sobra, sino todo lo contrario. Sus trazas y estructura, que aún se conservan, son el legado de décadas de gestión sobre este espacio público, que nunca debería perderse.

 Con este escrito, hemos tratado de arrojar un poco de luz sobre este espacio, porque, como sabemos, lo que se conoce se valora y lo que se ignora se destruye.

 

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Acerca del autor

María Isabel Pérez Hernández

Dra. Arquitecta, profesora de la Universidad Alfonso X el Sabio, sus investigaciones sobre el Jardín de la Alameda de Osuna son el referente obligado para el conocimiento de todas sus vertientes: arquitectónica, paisajista, histórica...

2 comentarios

  1. Maria Chacón Laguia on

    Vivo con mi familia en la Alameda de Osuna desde el año 1981, siempre me ha interesado su historia , asistiendo a las escasas conferencias que se han impartido en el Centro cultural Gloria Fuertes, adquiriendo los libros dedicados principalmente al Parque del Capricho adquirí información de lo que un día fue el barrio más verde que conozco y donde vivo, he observado cada cambio para mal y para bien que se ha producido, vigilando y avisando concretamente del deterioro de la vaya que circunda el Parque, por lo tanto estos días vivo con inquietud la próxima reforma de La Plaza del Duque.

    • Isabel Pérez
      Isabel Pérez on

      Hola María. Haces bien en estar preocupada: tosos los que valoramos el patrimonio de nuestro distrito lo estamos también. Actualmente la Plaza del Duque, sus elementos y entorno, debido a las obras en el Palacio, parece que no merecen más consideración que caseta de obras y almacén de materiales. No hay más que pasarse por allí y comprobarlo.

      Hace unos días, se ha rellenado con mortero de cemento el pilón de agua de granito del muro histórico de contención de la explanada, por poner un ejemplo.

      Otro gran motivo de preocupación son las propias obras en el Palacio y la utilización del Jardín de la Fuente de las Ramas como “espacio trasero, colocando en él un edificio de hormigón prefabricado para albergar instalaciones.

      En fin, una agresión al patrimonio de todos.

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