Davos 2018: la hoguera de las vanidades

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El Foro Económico de Davos reunido en esa bonita ciudad suiza fue un ejercicio más de esa prepotente soberbia económica y financiera que domina el mundo. Banqueros, ejecutivos de multinacionales como Nike, Nestlé, Novartis, Coca Cola, y algunos políticos que, en la búsqueda de su interés personal intentan renovarse a sí mismos, pero en ningún caso, los Consejos de Administración de las empresas en las que participan. Con presidentes como Donald Trump a bordo que no defrauda nunca y esta vez tampoco; también primeros ministros tan dialogantes e integradores como Netanyahu o “May Brexit” en sus horas más bajas. E  incluso reyes en representación de las testas más jóvenes coronadas, como son Abdala II de Jordania o Felipe VI que, por aquello del equilibrio de la Institución, también debería ir a los foros sobre la pobreza convocados por los parias de la tierra y sus representantes. Todos estos líderes mundiales, representan a esa quintaesencia del capitalismo; los poderosos, los influyentes del planeta, vamos los que mandan; esa gente “guapa” de la política, la economía, los medios de opinión, la banca e, inclusive, el espectáculo.

Toda reunión que se precie debe tener un lema y el de ésta fue: “Davos 2018: Crear un futuro compartido en un mundo fracturado” La gran transformación del propio sistema capitalista como objeto de reflexión, sin duda un gran reto. Algunas conferencias tuvieron títulos provocadores: “Fixing o Remodelling capitalism”. Un ejercicio de generosidad intelectual de un grupo influyente que se reúnen periódicamente para dar al mundo sus recetas para salir de esta desigual fragmentación global que ellos, los “profetas de accidente”, se han encargado en provocar. Es como esa misericordiosa actitud de la nobleza ilustrada del XVIII que daban limosna y creaban hospicios para esos pobres que ellos mismos habían creado.

Y como no, abrió la Cumbre, Donald Trump esa guardian de las esencias y líder de un país que en pocos meses ha pasado de ser el eje histórico del sentido y esencia de la democracia -eso decían ellos y Tocqueville-, a ser ese país áspero pragmático en exceso sólo centrado en el interés nacional egoísta del American First que, después de provocar el pánico del mundo por la “refinada”  elección de este excéntrico líder para esta actual fase de “democracia bufón”, ha pasado a liderar este nuevo nacionalismo radical fragmentario como clara muestra de la decadencia inevitable del liderazgo político y económico estadounidense en el mundo.

Davos, un espectáculo elitista, inmoral e indigno ante una sociedad global perpleja e indignada que tiene que pagar una alta fractura social, laboral, personal y familiar en tantas regiones del planeta y por si fuera poco, tiene que aguantar los consejos de personajes tan imbuidos del nuevo neoliberalismo al uso, liberalismo especulativo, como es Teresa May “Mrs. Brexit”;  ese ejemplo de entrega a la Unión Europea y de integración global de un país que no sólo quiere fragmentar más Europa, sino que ha sido siempre ese “grano” permanente en cualquier avance del proceso de integración, permitiéndose el lujo de opinar y dar consejos a unos socios europeos -los del Sur- que siguen siendo valorados por algunos medios británicos y tabloides brithis como los Pig´s (cerdos en inglés) de Europa.

Y como comparsa de los actores principales, algunos “teloneros” españoles destacados luchadores contra la fragmentación social y la desigualdad como son: la presidenta del Santander, Ana Botín, Francisco González, presidente de BBVA, así como de los máximos responsables de empresas como Iberdrola, Repsol, Ferrovial o El Corte Inglés; por supuesto, no podía faltar Juan Luis Cebrián. Para completar, cubriendo la ausencia de Mariano Rajoy, el Ministro de Exteriores, Alfonso Dastis y de Economía y Competitividad, Luis de Guindos -por cierto, ex directivo de Lehman Brothers- que fue el inicio y principal responsable de esta debacle económica fragmentadora que nos ha tocado sufrir desde 2008.

Pero toda esta hoguera de las vanidades, reunida en ese pueblo de la alta montaña suiza, debería tener presente cuestiones como el papel de China que sigue comprando deuda norteamericana y ocupando los huecos que deja Estados Unidos en Asía y América Latina, en un sistema global que camina hacia un nuevo caos con un efecto social demoledor para demasiada gente en el planeta que no conoce otra realidad que la crisis permanente de su propia existencia. Y todo ello, en un mundo que se sigue rompiendo y fragmentado en manos de tres potencias nacionalistas como son Rusia, China y Trumpolandia, dentro de un sistema capitalista que sigue en caída libre.  Aviso para navegantes globales: cuidado con los procesos revolucionarios cuando tanta gente se ve sin futuro, ni esperanza. Eso y no otra cosa deberían tener presente esta “gente guapa” que no representa a nadie, excepto a si mismos y a su soberbia codicia.

Gustavo Palomares
© Gustavo Palomares Lerma, 2018. Todos los derechos reservados

 

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Acerca del autor

Gustavo Palomares

Catedrático Europeo “Jean Monnet” en Políticas y Cooperación de la UE y Profesor de Relaciones Internacionales en la UNED; Presidente del Instituto de Altos Estudios Europeos; Profesor en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación de España.

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