El colegio es también lo que le rodea

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Hace unos meses el Ayuntamiento realizó, por dos veces, obras de mejora y estrechamiento de la calzada en el exterior del Centro Cultural y Biblioteca Gloria Fuertes. Se trataba de reducir la posibilidad de paso de dos a un coche con la consiguiente eliminación de varios aparcamientos. A poco más de cincuenta metros se encuentra el Colegio Público Ciudad de Zaragoza, centro en cuyo Consejo Escolar tuve la fortuna de participar como representante del ayuntamiento a lo largo de dos años (2014 y 2015). El exterior del mismo, en la zona de intersección entre la Avenida de Logroño y la calle Manuel Aguilar Muñoz y en la fachada o valla del colegio que da a la Avenida de Logroño, es un modelo de falta de acondicionamiento y urbanización, de descuido y de desatención a los niños y a las familias que tienen que acudir a diario a ese centro escolar. No hay más que verlo para darse cuenta, sin mucho esfuerzo, de que la zona se encuentra en un estado vergonzoso. Y que supone un enorme peligro para los alumnos: el espacio que da a la avenida de Logroño es una hondonada o zanja llena de cardos y basuras por la que es imposible transitar, aparte del peligro que supone su pendiente. Carece de cualquier tipo de mantenimiento y lo que podría ser una zona ajardinada se convierte en un auténtico nido de basura y una amenaza.

El resto del espacio, el que, hasta la puerta de acceso a las dependencias del AMPA y del parking, que da a la calle Manuel Aguilar Muñoz, no es más que un arenal con cascotes que se ha venido erosionando con el paso del tiempo. En medio asoma una enorme superficie metálica oxidada con un grado de elevación por encima del suelo que la convierte en un peligro para chavales y adultos. No ha habido una desgracia por puro azar. Tenemos que dar las gracias porque ningún niño (o adulto) se haya accidentado, con graves consecuencias, golpeándose o tropezando con esa superficie cubierta por el óxido, sobre todo si tenemos en cuenta los cientos y cientos de alumnos que a diario tienen obligadamente que atravesar esa zona para ir a clase. Sólo la suerte lo ha evitado, porque por peligrosidad que no quede.

alcorque peligroso

De otro lado, es necesario destacar que en ese espacio hay un árbol enorme. No sé si ese es el gran problema para no urbanizar y acondicionar la zona. Sin embargo, el árbol aparece descuidado, sin que se hayan realizado labores de mantenimiento ni de poda desde hace años. Aunque el peligro para los chavales sea una realidad diaria.

Por último, se da la circunstancia de que mientras en la acera que desciende hacia el Paseo de la Alameda lindando con la tapia del colegio, especialmente en el paso de peatones que hace esquina con la calle Antonio Sancha, el firme se encuentra en un estado lamentable, con las baldosas levantadas y la tierra asomando, en la de enfrente, en la acera de los chalets unifamiliares, el firme y el enlosado están impecables, algo difícil de entender en una Junta que dice apostar por los intereses de los sectores menos favorecidos.

Escribir es también estar atento a la realidad. Y si uno, como es el caso, vive en un barrio al que está profundamente vinculado, no tiene más remedio de, como diría Lope de Vega, “bajar de las musas al teatro” y señalar carencias. En otras ocasiones escribiré de cultura. O no. Depende de cómo vayan las cosas.

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Acerca del autor

Manuel Rico

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