¿¿Quién liderará la Paz en Colombia??

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En este típico domingo bogotano, huyendo de los torbellinos políticos nacionales, a este Guardián entre el centeno le tocó observar la primera vuelta en las elecciones presidenciales en Colombia: una experiencia que merece ser compartida por la transcendencia histórica que puede tener este resultado para el futuro de la Paz en ese país.

La más alta participación en una primera vuelta electoral presidencial en la historia de ese país, ya se auguraba en la mañana por el alto número de electores que perseveraban por votar en los colegios mayores de Bogotá, incluso bajo intermitentes aguaceros, para evitar lo que cada cual consideraba que podía ser un desastre. Para unos, la vuelta de Álvaro Uribe -expresidente muy discutido, incluso investigado por sus métodos y hoy senador- con la victoria de su pupilo: Iván Duque; un hombre joven con ciertos aires macronianos. Y para otros, el riesgo de llevar a Colombia por la misma senda del chavismo en Venezuela con el triunfo de Gustavo Petro, ex guerrillero del M19 y exalcalde bien controvertido de Bogotá por su discutida incapacidad de gestión. En conclusión, el enfrentamiento que todos intuían, también todas las encuestas –parece ser el único país en donde aciertan– está servido y el futuro de la puesta en práctica de la Paz recién conseguida se regirá por los viejos parámetros politiqueros frentistas y no por la nueva política que debería haber supuesto el escenario deseable en el post Acuerdo de Paz.

Viendo las discusiones apasionadas en todas las familias durante la comida analizando los resultados, se descubre que si hay un pueblo con pasión por la política ese es el colombiano. Mucho más, cuando después de varios meses –años si contamos el plebiscito sobre el Acuerdo de Paz– los estados de opinión se han movido por las bajas pasiones de la política tradicional del voto Anti; en esta ocasión: anti-duquistas versus anti-petristas. Ya tenemos delante la duda hamletiana en el futuro inmediato de Colombia: mantenemos el Acuerdo y lo suscrito con su ambición reformadora –Gustavo Petro– o, por el contrario, ante los riesgos de supuesta impunidad, le pegamos una revisada grande antes de cumplir, pase lo que pase después –Iván Duque–.

En definitiva, una segunda vuelta con Iván Duque destacado, ya no es decir SÍ o NO al Acuerdo de Paz, sino la consecuencia de una impresión generalizada en la ciudadanía colombiana de que dicho Acuerdo, así planteado y gestionado por un gobierno instalado en la improvisación y por una guerrilla reconvertida pero que mantiene nombre y presuntamente algunos de sus viejos hábitos, camina hacia el fracaso sin que vaya a suponer un nuevo proyecto para ese país. Un escenario en proceso de recomposición, en donde raro es el día en el que no es asesinado un líder social o un defensor de los derechos humanos. Y ya van más de trescientos desde la firma de la Paz.

Las clásicas dinámicas de bipolaridad, también en esta representación electoral colombiana en dos actos, demuestra que: lo más fácil, incluso después de más de tres años de negociación, era firmar y, como siempre en la vida, lo más difícil es cumplir lo rubricado. Aun así, el principal objetivo que se fijó este gran país en esta apuesta para superar la violencia era que los colombianos asumieran el proceso como un reto personal y, sobre todo, colectivo; este objetivo último de pedagogía y de nueva identidad colectiva dialogante por y para la reconciliación, no se está cumpliendo, y de esta forma es muy difícil avanzar hacia una Paz firme y duradera.

Atentos……

Gustavo Palomares
© Gustavo Palomares Lerma, 2018. Todos los derechos reservados

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Acerca del autor

Gustavo Palomares

Catedrático Europeo “Jean Monnet” en Políticas y Cooperación de la UE y Profesor de Relaciones Internacionales en la UNED; Presidente del Instituto de Altos Estudios Europeos; Profesor en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación de España.

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