El pregón de las Fiestas de Barajas, por Manuel Rico

0

Queridos vecinos y queridas vecinas de Barajas y de sus barrios:

Han querido la fortuna y los amigos y compañeros que colaboran o participan en las labores del Ayuntamiento en el distrito que intervenga como pregonero de las Fiestas en un año muy especial: celebramos los 30 años de la creación del distrito de Barajas.

Como escritor he pensado que la mejor forma de expresarme ante todos vosotros en esta tribuna es haciendo lo que solemos hacer los escritores. Contando una historia. Un pequeño relato en el que aparecen barrios que seguro todos conocéis.

Soy vecino de la Alameda de Osuna, de Barajas, desde 1996, es decir, desde hace 22 años. Pero mi relación con Barajas viene de mucho antes. Incluso de más de una década antes de que el ayuntamiento creara el distrito. Cuando era un conjunto de barrios adscritos a Hortaleza, un distrito que, como Barajas, también fue un día pueblo.

Me remonto nada menos que a mediados de los años sesenta del pasado siglo. Yo tenía once, o doce años, vivía entonces en un barrio cercano a la plaza de toros de las Ventas, al que llamaban barrio de la Alegría, frente al de la Concepción. Pues bien, la pandilla de chavales que de vez en cuando nos reuníamos hacíamos largas excursiones caminando hasta la Ciudad Lineal primero, una Ciudad Lineal de tranvías y merenderos que algunos seguramente recordaréis. Y a medida que íbamos creciendo, nuestro horizonte excursionista se iba ampliando hasta más allá de lo que entonces llamábamos “pista de Barajas”, hoy autovía A-2. Íbamos con tirachinas a cazar gorriones, a buscar arroyos escondidos, a soñar bosques imposibles en esa zona que dejaba de ser ciudad para ser campo. Entonces el parque del Capricho era un lugar inexpugnable, el típico lugar prohibido y misterioso con que aquellos chavales aventureros soñábamos. En la zona había huertos, zonas cubiertas de pinos, extensos olivares y una estrecha carretera que llevaba al pueblo de Barajas y, más allá, al Jarama y a Paracuellos, a praderas y riberas arboladas donde todavía era posible bañarse y pasar el día. Al aeropuerto se iba por otro camino, por la pista.

Aquellas excursiones, a pie y no exentas de riesgos, de aquellos chavales en pantalón corto y con la cabeza llena de sueños, desde el barrio de la Alegría o de la Concepción a los campos de Barajas se quedaron grabadas para siempre en mi memoria. Todos sabemos cómo quedan en nuestra memoria lo que vivimos en la infancia.

Por eso, el distrito de Barajas se colaría mucho tiempo después en algunas de mis novelas. En Los Días de Eisenhower invento un posible atentado a Franco que unos chiquillos como el que fui desmantelan sin darse cuenta… Alguien había colocado, en el túnel, que ya existía entonces, que hoy cruza la Nacional II, por abajo, en la vía Verde, una explosivo para ser detonado cuando el dictador pasara con su coche y su escolta de camino al aeropuerto para recibir a Eisenhower. Por razones desconocidas, el atentado no se produjo y la bomba quedó abandonada. Los pinos de entonces hoy son la línea de esos árboles que hay a la salida de la Estación del Capricho llamada “Pinos de Osuna” y los campos misteriosos de entonces están hoy ocupados por las viviendas de la Alameda de un lado y por lo que llamamos los Coronales de otro.

Y también Barajas entraría en otra novela. En Una Mirada Oblicua, lo que hoy ocupan viviendas de reciente construcción, en Corralejos, era un zona en la que se mezclaban campo y viviendas, alamedas y modestas casitas y algún chalet aspirante a palacete donde ubiqué la vivienda de uno de mis personajes. Eran los años 70.

Voy terminando mi historia: la siguiente incursión en Barajas, ya viviendo en Hortaleza, cuando era parte de aquel distrito, fue a finales de aquella década y a comienzos de los ochenta. Nos acercamos a la época de la creación del distrito. Nacían entonces las asociaciones vecinales, se luchaba contra la subida del pan, por mejores servicios y… ya entonces se luchaba por recuperar El Capricho, por restaurar lo que quedaba del viejo castillo, por un gran espacio verde conde hoy está el parque Juan Carlos I y los recientes feriales, por el metro incluso. Los  partidos estrenaban legalidad, construían municipios democráticos…. , Tierno Galván era elegido alcalde y la demanda de un distrito independiente de Hortaleza crecía y crecía… Hasta que un alcalde posterior,  llamado Juan Barranco, con una mayoría municipal de izquierdas, dio el gran paso… y nació el distrito 21 que encabezaría el recientemente fallecido Eugenio Morales, amigo y compañero de muchos años.

Eran años luminosos, llenos de sueños democráticos y de compromiso cívico. Años en los que Madrid, y Barajas, eran un hervidero de iniciativas, años de AFAO, de las asociaciones de Corralejos, de Barajas… del comienzo de una lucha que parece sin fin en el barrio del Aeropuerto… Entonces nacieron las fiestas populares, estas fiestas, se conectaba con la tradición que llegaba de la República, se comenzó a recuperar todo aquello que el franquismo había enterrado….

Por eso, cuando con mi familia me vine a vivir al distrito, en el ya lejano 1996, llevaba más de una década en construcción. El nuevo distrito estaba consolidado. Y solo tuve que vivir unos años para que me fundiera con su identidad, para que lo sintiera mío.

Viví la experiencia de los AMPAS en el Colegio Ciudad de Guadalajara y en el Instituto Alameda de Osuna a través de la experiencia de mis hijos. Después viví la del Ciudad de Zaragoza en el Consejo Escolar. Asociaciones de madres y padres activas e impulsoras de iniciativas culturales diversas. Viví la lucha por el metro, que se saldó con el doble éxito del Metro a la Alameda y a Barajas y que tiene pendiente el enlace entre ambas líneas. Viví la lucha por el autobús al Ramón y Cajal, hoy una realidad aunque muy tardía, viví el empeño casi sin límite de la Asociación del Barrio Aeropuerto por su remodelación… Viví la experiencia riquísima de la Coral del Capricho y sus conciertos (Coral que, por cierto, por vez primera en su historia, no cantará en estas fiestas). Y compartí con el barrio años de esplendor, actuaciones y espectáculos de luces en el Auditorio del Parque Juan Carlos I. Casi todo lo soñado cuando Barajas era un barrio de Hortaleza se iba materializando poco a poco. Gracias a la lucha vecinal y gracias a un ayuntamiento que, a trancas y barrancas a veces y de manera fluida otras iba dando respuestas.  También gracias a la Comunidad.

El presente de nuestro distrito es un presente vivo, activo, con un movimiento vecinal que no se rinde fácilmente. Desde la recuperación de la historia del Barajas republicano cuando era un pueblo hasta la apertura del búnker para los vecinos o la recuperación de la memoria del barrio de Loreto…. Un presente que mira al futuro.

Pero todos los cuentos, todos los relatos tienen una cara en negativo. No todo es la felicidad. Las calles de mi barrio no están limpias, tenemos aún pendiente contar con un nuevo Instituto, no hay un teatro o un auditorio y un centro cultural acorde con nuestras necesidades, no es una buena noticia para la cultura que contemos con un colegio público que lleva por nombre el de la belicosa “dama de Hierro” cuando tantas mujeres del mundo de la cultura podrían llevar inscrito ahí su nombre, entidades culturales sin ánimo de lucro se las ven y se las desean para sobrevivir sin apoyo municipal, son necesarios más talleres literarios, es preciso buscar soluciones que permitan utilizar para los vecinos y para sus entidades culturales un teatro muerto como el que se encuentra en el IES de Barajas, los jóvenes piden espacios de ensayo para los grupos del barrio, muchos vecinos aspiran desde hace tiempo a recuperar los veranos del Auditorio del parque …. Tenemos un ayuntamiento más permeable, más sensible a las demandas ciudadanas. Por eso los vecinos no pueden congelar sus reivindicaciones.  Ni pueden ser defraudados.

La fiesta es alegría, es confraternidad, es reencuentro. Es también lugar de reivindicación, de compromiso con el futuro.  Es espacio para la convivencia y la charla. Es una de las más bellas expresiones de la democracia. Pero es también un momento en el que, mientras tomamos unos pinchos y unas cervezas en las casetas de los partidos y de otras entidades, intercambiar impresiones sobre lo que tenemos y sobre lo que nos falta.

Vivan las fiestas de Barajas. Las fiestas de la Virgen de la Soledad. 

FOTOGRAFÍA: aeroparticipa.es

Compartir.

Acerca del autor

Manuel Rico

Deja un comentario