Arqueología en Barajas (I): la Edad de los Metales

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Desde el Calcolítico hasta el final de la Edad de Hierro transcurren casi tres mil años durante los que se producen grandes cambios sociales y culturales. El proceso de sedentarización de las comunidades puede estudiarse a través de los yacimientos arqueológicos del distrito de Barajas.

Las vegas de los ríos serían los primeros hábitats en ver los pioneros poblamientos estables en la Península Ibérica. A la fertilidad de su suelo y la idoneidad del entorno para el pastoreo y la incipiente ganadería se sumaba, además, la facilidad de tránsito a lo largo de las márgenes del cauce, lo que haría que esos asentamientos, lejos de erigirse en unidades autosuficientes, constituyeran un sistema de núcleos entre los que era frecuente el intercambio social y cultural. La vega del Jarama no sería un caso aparte de esta descripción general, pudiendo rastrearse en la misma la huella del ser humano desde el Paleolítico hasta edades más modernas.

Por hacer un breve apunte sobre el Paleolítico, decir que la actividad registrada tanto en las terrazas del Jarama como cerca de los arroyos que surcaban lo que hoy es el distrito de Barajas (Valdebebas, Tía Martina, Rijas,…) es muy cuantiosa. El carácter nómada de las poblaciones tenía como referente lugares en los que era más fácil la caza y la recolección. La actividad se da en el Paleolítico Inferior (desde 700.000 y hasta 120.000) y Medio (desde 120.000 hasta 30.000 años antes del presente), y cesa en el Paleolítico Superior coincidiendo con los periodos glaciares.

La expansión demográfica y la embrionaria agricultura intensiva propias del Calcolítico (Edad de Cobre) hacen que aparezca el primer poblamiento registrado en el distrito de Barajas. La elevación de lo que hoy es el Cerro del Castillo fue el lugar elegido para uno de los asentamientos que salpicaban la vega de Jarama. En esta época prehistórica era común asentar los poblamientos en las alturas aledañas al valle con el fin de tener un control sobre la zona que se podía observar y que, por tanto, era el hábitat de explotación de la comunidad. Eran poblamientos, por lo general, semi-sendentarios por lo que era habitual que, una vez quedara explotada la zona cercana a los mismos, la comunidad se trasladara a otro lugar no muy lejano para iniciar un nuevo ciclo, sin perjuicio de que se pudiera volver al anterior tiempo después.

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Recreación de una cabaña calcolítica

En el poblado del Cerro del Castillo se han documentado estructuras residenciales (cabañas circulares), despensas (que acabarían ejerciendo como basureros) y restos del foso que circundaba el poblado. Asimismo, también se registró la existencia de una sepultura en la que los restos inhumados se hallaban rodeados de piezas de cerámica campaniforme, algo que estaba reservado a personas relevantes dentro de la comunidad.

El poblado debió tener una larga vida, pues aparecen restos de dos horizontes –no campaniforme y campaniforme (2.700/2.600-2.000 a. C.)– y también de una ocupación del periodo posterior, la Edad del Bronce (1.500-700 a.C). Puede ser que el lugar tuviera varias ocupaciones, en el sentido antes indicado, o que tal asentamiento perviviera durante todo este tiempo, con las reestructuraciones pertinentes.

Es a partir del Bronce Final y, sobre todo, en la Primera Edad de Hierro cuando el patrón de poblamiento cambia radicalmente. Si durante las etapas anteriores los asentamientos se situaban en los cerros, como es el caso del Cerro del Castillo, ahora el lugar elegido es la llanura aluvial de los ríos. Este cambio no es producido por una variación en el aprovechamiento de los recursos, algo que continuaría inalterado, pero sí refleja una nueva relación entre el hábitat y el entorno. El aumento demográfico y la racionalización en la explotación de los recursos hacen que los asentamientos sean más grandes y que, en definitiva, la sedentarización sea la norma habitual en las sociedades de la época. Además, el uso intensivo de la agricultura y la consiguiente producción de excedente irían dando pie a una mayor complejidad social y propiciando la aparición de los primeros sistemas de control político.

El yacimiento denominado como Las Quebradas, que contiene restos fechados del 1500 al 1200 a. C. (Edad de Bronce), se encuentra ubicado en la margen derecha del río Jarama, ubicado sobre una ligera elevación sobre el llano característico y predominante de la vega de este río. En cuanto al tamaño, la superficie total que se supone al yacimiento seguiría las pautas de estos grupos, con un tamaño mayor que asentamientos de cronologías precedentes, aunque con pautas de asentamientos similares. Estamos ante un grupo humano con una economía predominantemente agrícola, basado en la existencia de numerosos molinos o fragmentos de molinos realizados en granito y de molederas en cuarcita. La existencia de piezas cerámicas de gran tamaño, tradicionalmente relacionadas con el almacenaje de excedentes de los alimentos, nos es indicativo de un superávit en la producción, y su almacenaje para consumo a medio y largo plazo. Entre las estructuras registradas en el yacimiento, en general silos o fondos de cabaña, sobresale una alargada zanja que, según conjeturas, podría haberse destinado a la conducción de agua (otras suposiciones apuntan a un posible cercado).

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Vista general del yacimiento de Las Quebradas

De una cronología posterior a Las Quebradas es la fase de Bronce Final del yacimiento de El Muladar (siglo X a. C.), ubicado en la margen derecha del río Jarama sobre una ligera elevación sobre la llanura fluvial. Es notorio en éste el registro de varias sepulturas que, incluso, apuntan a un área determinada para necrópolis dentro de propio asentamiento. La presencia de enterramientos individuales o dobles depositados directamente en silos ubicados en el espacio del poblado es una tendencia cada vez más frecuente en yacimientos de esta cronología, quizá por influencias argáricas y meditarráneas. Estos registros son significativos de la evolución de los enterramientos: de esta forma, si durante el Bronce Antiguo tales se practicaban en fosas que podrían hallarse bajo las mismas cabañas, lo que indicaría el peso social del grupo familiar en la sociedad, durante el Bronce Pleno y Final empiezan a configurarse espacios destinados para los enterramientos en la orla más exterior de los asentamientos.

La idoneidad para la agricultura y la ganadería siguió siendo esencial para los asentamientos carpetanos de la Edad de Hierro. Los hallazgos de esta época en El Malecón, que pueden fecharse entre los siglos V a II a. C., evidencian la existencia de un asentamiento carpetano que se intuye gregario de otro jerárquicamente superior y desde el que se controlaba política y económicamente el territorio. Los registros muestran de la existencia de un centro manufacturero para el metal constituido por varios hornos que se situaban en una zona específica del poblado. Asimismo, y por el registro de restos de animales, se debió centrar también en la ganadería, ya que los restos encontrado pertenecen mayormente a especies domésticas (ovicaprinos y bovinos).

También hay evidencias de restos constructivos (fragmentos de adobe quemado) que se atribuyen a alzados de los muros de las viviendas. Este hecho está en consonancia con las construcciones estudiadas en yacimientos de la misma cronología y que muestran una mayor solidez de las estructuras, huella de la sedentarización de estas sociedades. Se desconoce, debido a lo limitado de las excavaciones arqueológicas, la extensión total de lo que llegó a ser el asentamiento de El Malecón, por lo que no se puede asegurar nada sobre la urbanización del mismo. No obstante, es acertado conjeturar que el poblado carecía de un modelo claro de la misma y que las viviendas y demás construcciones eran meramente agregadas al núcleo de poblamiento.

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Acerca del autor

David Carrascosa

Aunque mi barrio natal es, y siempre será, Ciudad Pegaso, quedé atrapado hace ya bastante tiempo en la seda de Barajas. Su gente, su patrimonio, su historia... son muchas cosas las que hacen que este distrito merezca ser un referente cultural para la ciudad de Madrid. En ello estamos; si te rajas, no eres de Barajas!!

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