El Ramal, eje de entrada al Jardín Histórico de El Capricho

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El jardín de la Casa de campo de la Alameda, actualmente conocido como jardín histórico “El Capricho”, fue declarado por el Ministerio de Educación nacional, Jardín artístico por orden de 20 de octubre de 1934, es Bien de Interés Cultural en la categoría de jardines históricos desde 1985 y jardín de interés en la categoría de parques históricos en el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997. Sus primeros propietarios fueron María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel, XV condesa y XII duquesa de Benavente y su marido, Pedro Alcántara Téllez Girón, IX duque de Osuna.

La formación de dicha Casa de campo se desarrolló durante un intervalo de tiempo que comenzó en 1779, mediante la intervención de un equipo de profesionales o maestros de distintas disciplinas: arquitectos, jardineros, escultores, pintores, un escenógrafo y maestros en ingeniería hidráulica, que en vida de la condesa duquesa eran dirigidos directamente por ella y que experimentó una sucesión de transformaciones en paralelo a los acontecimientos históricos y a los sucesivos cambios de propietario hasta su adquisición por el Ayuntamiento de Madrid.

Este jardín era el centro de una extensa finca, la posesión de la Alameda, que llegó a tener una superficie de unas 180 hectáreas de las que el jardín suponía menos del 10 por ciento de su área y que se fragmentó tras ser segregado el jardín del resto de la posesión por la Sociedad Inmobiliaria de la Alameda de Osuna S.A, que la adquirió en 1945.

El Ramal era la avenida arbolada por ambos lados que constituía “la entrada suntuosa del este monumento y jardín artístico”, según lo describía el pintor sevillano e inspector general de jardines Javier de Winthuysen, que se encargó de su vigilancia durante los años 40 del siglo XX; indicaba también que se entraba a la posesión de la Alameda por la carretera de Madrid en su bifurcación con la carretera de Barajas, “por una larguísima avenida de cipreses con calzada y paseos laterales” que se estaba rompiendo longitudinalmente, debido a la construcción de una tapia y al arranque de los setos que la bordeaban.

El Ramal o eje de acceso al jardín histórico “El Capricho”, fue un añadido a la posesión efectuada durante la Guerra de la Independencia, ya que los terrenos donde se encuentra esta avenida fueron anexionados por el general francés Agustin-Daniel Belliard (véase PÉREZ HERNÁNDEZ, María Isabel. “El Ramal de El Capricho en la Alameda de Osuna. La presencia francesa en el jardín durante la Guerra de la Independencia”. Anales del Instituto de Estudios Madrileños, tomo LIV,  páginas 151 a 182. C.S.I.C., 2014).

En 1808 los franceses realizaron una lista de personas a las que, por decreto de José Bonaparte, se les había confiscado sus propiedades; en esta lista se encontraba la condesa duquesa de Benavente, que ya era duquesa viuda de Osuna al haber muerto su marido en 1807. Acompañada por parte de su familia huyó a Cádiz y la posesión de la Alameda fue incautada y adjudicada al general Agustin-Daniel Belliard, gobernador de Madrid por nombramiento de Joaquín Murat.

El general Belliard tomó posesión de la finca el 13 de diciembre de 1809 y la mantuvo en buen estado, incluso conservó al jardinero francés que había contratado la condesa duquesa, Pierre Prevost, para que cuidase del jardín. Pero hizo algo más, ya que compró muchas tierras por la zona para aumentar la superficie de la posesión, entre ellas cuatro que se encontraban en los términos de la Alameda y Canillejas, situadas a ambos lados de El Ramal, que fueron adquiridas en 1810 a distintos propietarios y tenían una superficie total de 11 fanegas y 10 celemines (figura 1).

Figura 1. Plano de la posesión de la Alameda en 1870 trazada sobre las hojas kilométricas, en el que se han destacado las tierras adquiridas por el general Belliard, donde está El Ramal. Elaboración de la autora

Con la adquisición de las tierras de El Ramal citadas, probablemente la intención de Belliard era crear un gran eje de acceso a la posesión, del cual entonces carecía, similar al que existe en muchos jardines franceses e italianos, que él conocía por haber participado en la campaña de Napoleón en Italia.

Belliard se marchó de Madrid a primeros de junio de 1812, participó en la campaña de Rusia y Luis XVIII lo nombró embajador en Bélgica; llegó a ostentar el título de conde y cuando iba a ser nombrado embajador en España, el 28 de enero de 1832, murió en la casa de la legación de Francia en Bruselas, tras sufrir un ataque de apoplejía en el jardín del palacio de Laeken.

Tras regresar de Cádiz en 1813, la condesa duquesa recuperó la posesión de la Alameda. Su situación financiera no era buena, pero 14 años después de su regreso, adquirió algunas de las tierras que había comprado el general Belliard para aumentar la finca, en concreto las cuatro donde se encuentra el eje de acceso a la posesión o Ramal.

Las tierras adquiridas eran colindantes, en la escritura se describen como “cuatro pedazos con árboles” que lindaban al norte con el camino de Barajas a Madrid, actual Avenida de Logroño, y al sur con el arroyo de Bardagueras que atravesaba el Ramal. Este arroyo, que también era conocido como arroyo del Vadillo, discurría aguas abajo por el sur del jardín, atravesando una zona que correspondía a las huertas de la posesión de la Alameda y de él ya no quedan salvo restos de su cauce.

Por tanto, la condesa duquesa asumió las ideas de Belliard de crear un gran eje arbolado que fuera una antesala del jardín; Belliard había adquirido, como hemos indicado, más tierras por la zona, pero la condesa duquesa sólo compró éstas.

Antes de formalizarse la escritura de la compra de las tierras anteriores y posiblemente mientras se estaban realizando las gestiones para su adquisición, la condesa duquesa hizo pedidos de árboles y arbustos a distintos lugares, entre ellos a Francia, a través de un agente o corresponsal en Bayona, Mr. Lavigerie, que era uno de los que le enviaban lo que ella solicitaba del extranjero, como libros, vinos, plantas, etc. Entre los árboles de sombra y arbustos pedidos se incluían cuatro de “Ciprés piramidaur”, que es el ciprés común o ciprés piramidal, cuyo nombre botánico es Cupressus sempervirens, árbol que se encuentra en diferentes zonas del jardín y también formando la doble alineación de El Ramal.

A la vista de estos datos, podríamos llegar a la conclusión de que los cipreses de El Ramal fueron plantados por orden de la condesa duquesa de Benavente. Este eje de acceso a la posesión, era la prolongación de la calle de Alcalá y parte del camino de Madrid a Alcalá y ya aparece arbolado en la documentación gráfica realizada a partir de mediados del siglo XIX (figura 2). Constituye por tanto un eje fundamental para entender el jardín y posee unos cipreses posiblemente casi bicentenarios, muy escasos en Madrid.

Figura 2. Detalle de la hoja kilométrica 4B del término de Canillejas, realizada por la Junta General de Estadística, 1865-70. I.G.N. Archivo Histórico.

Maria Josefa de la Soledad Alonso Pimentel murió el 5 de octubre de 1834; sus herederos acordaron que la posesión de la Alameda pasase a ser propiedad de su nieto Pedro Alcántara Téllez Girón y Beaufort, XI duque de Osuna; en la escritura de convenio y adjudicación de dicha finca a su favor, al describirla, se indicaba que entre otras tierras había cinco pedazos de prados, cuatro “lindantes uno con otro entre el ramal nuevo y el arroyo del Vadillo y el otro entre el dicho ramal y el Camino de la Alameda”. De esta escritura deducimos que en 1834 no hacía mucho tiempo que se había creado El Ramal, pues se refiere a él como el ramal nuevo; también se indica que en el jardín, entre otros árboles, había 70 cipreses.

La mejor descripción que se ha hecho de la posesión de la Alameda y de su entorno tal y como se encontraba en el siglo XIX es la de Pascual Madoz incluida en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Refiriéndose al acceso a la posesión, indica que en la carretera general de Aragón, a una legua y media de Madrid y cerca del pueblo de Canillejas, hay un desvío donde se encuentra, en línea recta, “un camino o calle de árboles de bastante longitud que se conoce con el nombre de Ramal y conduce a la posesión de la Alameda. Pasada la barrera que la separa del camino, se entra en una plaza circular de 146 pies de diámetro, guarnecida de árboles de diferentes especies, con dos casillas o pabellones para los guardias”, situados a los costados, y enfrente hay una puerta de hierro sostenida por dos pilastras almohadilladas de cantería, “con jarrones de piedra de Colmenar en sus extremos, que dan paso al interior de la posesión y a una de las dos espaciosas calles de árboles que conducen a la plaza llamada de los Emperadores”.

Aunque el diccionario citado se editó entre 1845-50, Pascual Madoz había visitado la posesión de la Alameda en 1839, por tanto, El Ramal y la alineación de árboles ya existía al menos desde ese año y, a la vista de la descripción, vemos su relación de continuidad con el jardín, formando un eje y una misma entidad, que culmina en el Palacio.

En 1935, la Comisión de Fomento del Ayuntamiento de Madrid visitó la posesión, que se encontraba a la venta y el fotógrafo Santos Yubero realizó un reportaje fotográfico de esta visita, que incluía el Ramal (figura 3).

Figura 3. Fotografía realizada por Santos Yubero, 3 de septiembre de 1935. CAM. Archivo Regional. Fondo Santos Yubero. Signatura 29830.

En la fotografía de la figura 3 aparecen las garitas de entrada y el inicio del paseo, flanqueado de grandes árboles; al lado de la garita norte está la casa del guarda, una construcción de ladrillo de una planta y cubierta a dos aguas, actualmente desaparecida; en el tronco del árbol situado tras esta garita hay un pequeño cartel donde se lee «prohibido el paso», delante de la garita sur hay un cartel con una flecha y bajo ella se indica «A ZARAGOZA», ya que en este punto se producía la bifurcación de la carretera y arrancaba el puente sobre el arroyo de Bardagueras o del Vadillo, que se intuye en la fotografía; en el camino también vemos que hay dos mojones, dos pedestales y una cadena; las garitas y mojones se conservan, aunque retranqueados de su lugar original.

El Ramal se mantenía intacto tras la Guerra Civil, cuando se instalaron en la Alameda en principio una base de carros de combate soviéticos y posteriormente, en agosto de 1937, el Cuartel General del Ejército de Centro.

Figura 4.

Las fotografías de la figura 4 corresponden a un reportaje realizado en la revista Semana en 1943. En la fotografía primera aparece la doble alineación de grandes cipreses de El Ramal colocados muy próximos, y en el pie de foto indica que “ante nuestros ojos la Alameda se prolonga hasta el infinito, en esa longitud interminable que conduce al palacio” y en la fotografía de la entrada, en la que aparecen las garitas, el pie de foto indica “En la carretera de Aragón, la entrada a la señorial residencia es un túnel de árboles centenarios”. Por tanto se está refiriendo a árboles que ya eran centenarios hace 75 años.

Los pedestales soportes de las cadenas actualmente no existen; la cadena metálica cerrando una propiedad indicaba que en la posesión habían entrado miembros de la Casa Real. Hay varias visitas documentadas desde las fechas en que se adquirieron los terrenos:

En 1812 José Bonaparte fue varias veces a visitar al general Belliard a la posesión de la Alameda, a veces se quedaba a comer y le gustaba mucho el jardín, hasta el punto de haberle ofrecido al jardinero Pierre Prevost que se fuese con él para trabajar en la Casa de Campo. Estos hechos los conocemos por cartas que le escribían los empleados a la condesa duquesa durante la ocupación.

Durante el reinado de Fernando VII, la condesa duquesa organizaba fiestas para la familia real, tras realizar obras de mejora en la posesión y plantar en ella muchos árboles. Hay documentadas cinco de estas fiestas, en julio de 1814 y 1816, mayo de 1817, julio de 1818 y 1826 que por su descripción, sabemos que debían ser suntuosas y que en ellas se servían fastuosas comidas.

También hay documentadas fiestas a las que asistieron miembros de la Casa Real organizadas por el XII duque de Osuna, Mariano Téllez Girón y posteriormente por la familia Bauer, que fue propietaria de la Alameda desde 1900 tras la quiebra de la casa ducal de Osuna.

La cadena y los pedestales pudieron ser colocados por tanto con motivo de algunas de las fiestas o visitas reales descritas, es decir pudieron estar ahí desde 1812 colocados por orden de Belliard o bien haber sido puestos por orden de la condesa duquesa con motivo de las al menos cinco visitas que realizó Fernando VII a la posesión de la Alameda. Este elemento añadía un valor histórico al eje, al poner en evidencia la memoria del lugar.

Los deterioros de El Ramal comenzaron con la construcción de la carretera de unión entre el Paseo de la Castellana y el aeropuerto prolongando la calle María de Molina, que cortó la continuidad de la calle de Alcalá con El Ramal; en noviembre de 1949 ya había varios tramos terminados, como el que empezaba en las proximidades de la Alameda de Osuna y terminaba en la Ciudad Lineal. Para su ejecución se expropió en 1950 un esquinazo de la entrada de la posesión de la Alameda por la carretera de Aragón, lo que obligó al retranqueo de las garitas, a la tala de árboles y a la desaparición de la casa del guarda.

En agosto de 1953, el Ministerio de Educación nacional dirigió un escrito a Claudio Pariente, jardinero y encargado de la Alameda, para avisarle de que estaba prohibida la tala de árboles del paseo de los cipreses sin la aprobación previa del Ministerio. Los medios mientras tanto se hacían eco de la importancia de El Ramal, el 26 de diciembre de 1957 el diario ABC publicó un artículo sobre los plantíos de pinos más importantes de Madrid, nombrando “los de la entrada de la Alameda de Osuna”.

La siguiente acción para el deterioro de El Ramal fue la construcción del puente del ferrocarril que cruza el paseo de los cipreses, para lo cual se talaron algunos árboles del eje y se rompió la línea recta continua del paseo. La actuación se realizó por orden del Ministerio de Obras públicas, que había ejecutado un plano de los árboles que había que talar.

Figura 5. Fotografía aérea de 1970, donde vemos El Ramal y el puente del ferrocarril que lo atraviesa, aunque aún no se había construido el viaducto de la M-40. Fuente “Paisajes españoles”. Vemos la fuerza que aún tenía este eje, actual Paseo de la Alameda de Osuna, por donde pasaba además la Cañada Real.

Debido a las agresiones que estaba sufriendo el entorno del jardín de la Alameda, como la instalación del camping o la intención de derribar la Casa de oficios de la posesión, la Dirección general de Bellas artes, a través de Patrimonio artístico nacional, elaboró en mayo de 1972 un plano de delimitación de zonas del Jardín histórico artístico de Alameda de Osuna en el que se calificaba toda la zona encerrada por las tapias como ZHA, zona histórico artístico, se delimitaba unas zonas de respeto, que eran ZOE I, situada entre la huerta valenciana y la carretera de Ajalvir a Canillejas, ZOE II, la huerta valenciana, ZOE III, ZOE IV al este de la huerta valenciana, ZOE V, al sur del Paseo de la Alameda de Osuna hasta la autopista de Barajas y ZOE VI entre la carretera de Ajalvir y el paseo de cipreses y una zona de ordenación especial, al norte de la carretera.

En diciembre de 1977, tres años después de ser adquirido el jardín histórico “El Capricho” por el Ayuntamiento de Madrid, la comisión de trabajo encargada de estudiar los datos y criterios más convenientes para redactar el proyecto de restauración, informaba de que el camino de llegada a la Alameda de Osuna, llamado El Ramal, “flanqueado por hermosos ejemplares de cipreses y bosquetes de pinos, se trazó y realizó al mismo tiempo que el jardín del Capricho, constituyendo por tanto un indiscutible testimonio histórico y urbanístico”, siendo su recuperación imprescindible; proponía restaurar el firme asfáltico y los laterales con arena, completar las alineaciones de vegetación existentes y crear un entorno protegido a lo largo de todo El Ramal.

Sin embargo, siguió produciéndose el deterioro de la zona, con la construcción del viaducto de la M-40 y especialmente en 2004 cuando se talaron muchos cipreses del primer tramo de El Ramal para facilitar la construcción de las obras de prolongación de la línea 5 del metro hasta la estación Alameda de Osuna, cipreses que se repusieron con otros jóvenes; posteriormente se construyó una pasarela ciclista sobre la N-II, con una rampa de acceso que alteró aún más el carácter del eje.

Respecto a las garitas, hay muy poca información de ellas. Pudieron haber sido construidas por el general Belliard, ya que hay que tener en cuenta que la posesión de la Alameda se encontraba en 1809 comunicada directamente con la calle de Alcalá, y esta calle a su vez con el parque de el Buen Retiro, donde los franceses se habían instalado y construido ciudadelas para establecer sus ejércitos con seguridad, con lo que las garitas podrían haber cumplido una misión de vigilancia de la entrada a la posesión en tiempos conflictivos. También pudieron haber sido ejecutadas por la condesa duquesa cuando, tras adquirir las tierras en 1827, formara el eje de acceso a la posesión.

La garitas llevan en la cornisa, en las dovelas, unos adornos de granito que representan la concha del peregrino, elemento escultórico que las vincula con el jardín, pues aparece en otras esculturas, como la Venus tallada por Juan Adán que se encontraba en el Abejero o el pedestal que actualmente está en el estanque de los patos.

El único tramo con el arbolado original que se conserva actualmente es el discurre entre el puente del ferrocarril y el cruce con la calle Jardines de Aranjuez.

Es necesario por tanto restaurar y conservar tanto las garitas como el arbolado de el Ramal, pues si desapareciera este eje, o parte de los elementos que lo conforman, se produciría una mutilación de un conjunto histórico único en Madrid, que deterioraría y minoraría parte del valor del jardín “El Capricho”.

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Acerca del autor

María Isabel Pérez Hernández

Dra. Arquitecta, profesora de la Universidad Alfonso X el Sabio, sus investigaciones sobre el Jardín de la Alameda de Osuna son el referente obligado para el conocimiento de todas sus vertientes: arquitectónica, paisajista, histórica...

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